El corsario rojo
El corsario rojo —¿Va a permanecer callado, y dejará que se cometa ante sus propios ojos un asesinato? —exclamó mistress Wyllys abandonando el lugar en que estaba y poniendo la mano con vivacidad sobre el hombro del Corsario.
Él se turbó como quien sale repentinamente de un profundo sueño, y la miró fijamente.
—Mire —le dijo ella señalando a la multitud furiosa que se encontraba en cubierta, donde se podÃan ver todos los sÃntomas de un motÃn en vÃas de aumento—. Mire, van a matar a su oficial, y no hay nadie para impedirlo.