El corsario rojo

El corsario rojo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Sí, sí —refunfuñó el blanco volviendo a tomar su primera actitud y cruzando de nuevo los brazos que había separado un poco para dar más fuerza a la amenaza que acababa de hacer—, ahora respira como una manada de cornejas hambrientas, como si pensaras que me has echado a pique por ello. Un negro es un animal sin razón: ¡el Señor lo ha hecho así; y un marinero experimentado que ha doblado dos cabos y ha pasado todos los promontorios entre Fundy y Horn no tendrá derecho a utilizar su aliento, quizás en vano dando una lección a un ser de tu especie! Te diré Escipión, que el que ha fondeado en la bahía exterior de este puerto de mar no sabe nada de baraderos, ya que si supiera, fondearía en el extremo meridional de ese pequeño cabo de isla que ves, y tiraría de los cabos de su barco hasta allí, amarraría con buenos cables de cáñamo y garfios de hierro. Así que ahora, negrito, pon atención a mi razonamiento —y su tono suavizado demostraba que la pequeña escaramuza que había tenido lugar no había sido más duradera que una de esas borrascas repentinas que habían visto uno y otro muchas veces, y que generalmente pronto llegaba la calma—; sigue bien la analogía de lo que me place decirte. Ese ha venido a este baradero para alguna cosa o bien para nada, hubiera podido quedarse totalmente fuera, y yo no tendría nada que objetar; pero si ha venido para algo, podría haberse situado en un lugar más cómodo precisamente en donde yo te decía, muchacho, y no en el que se ha colocado, aunque lo que quiera llevarse no pese más que un puñado de plumas suaves para la almohada del capitán. Por el momento si tienes alguna cosa para echar por tierra la calidad de mi razonamiento, ¡pues bien!, estoy dispuesto a escucharte como hombre razonable que no ha olvidado los métodos de enseñar su filosofía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker