El corsario rojo
El corsario rojo —Viento no tener más que soplar de allà —respondió el otro extendiendo su brazo robusto hacia el noroeste—, y barco ganar mar rápidamente, rápidamente; ¿por qué querer ir tan lejos para tener viento a la entrada? ¡Ah!, responder a esto. Tú mucho sabio, maese Dick, pero nunca ver ir barco en dientes del viento, ni oÃr hablar eso.
—¡El negro tiene razón! —gritó el muchacho que, según parecÃa, habÃa oÃdo toda la discusión, en tanto que parecÃa ocupado en otra cosa—; el capitán del barco negrero se ha quedado en la bahÃa exterior, sabiendo que el viento viene casi siempre del oeste en esta época del año, y tú ves también que ha levantado sus tablas; aunque está bastante claro por la forma en que sus velas están aferradas, ya que tiene una numerosa tripulación. ¿SabrÃais decirme, amigos mÃos, si tiene un ancla bajo la quilla, o si está sujeto por un simple cable?