El corsario rojo
El corsario rojo El Corsario sonrió y miró de reojo, probablemente para buscar a nuestro aventurero. No viéndole cerca de él, se vio tentado de llegar más lejos con sus preguntas; pero un instante de reflexión le hizo volver en sà mismo, y expresó este pensamiento un tanto inapropiado de su carácter.
—Vuestros servicios no serán olvidados jamás.
El Corsario les hizo señal de que se retirasen, y volviéndose se encontró frente a frente con Wilder. Sus miradas se encontraron y un ligero rubor manifestó la turbación del primero; pero tomando al instante el dominio de sà mismo, habló sonriendo del carácter de Fid, y entonces, con un tono de autoridad, ordenó a su lugarteniente que se retirase.
Los cañones fueron retirados, las portas cerradas, asà como también el pañol, y los miembros de la tripulación se fueron cada uno por su lado, como hombres cuya violencia ha sido totalmente dominada por la triunfante influencia de un espÃritu superior. El Corsario desapareció entonces de cubierta, y la vigilancia de ésta fue encargada por el momento al oficial de turno.