El corsario rojo
El corsario rojo —¡Escuche!, es el tambor, preparan sus cañones.
El Corsario prestó atención un momento y pudo distinguir el redoble que llamaba a la tripulación de un barco de guerra a sus puestos. Después de mirar primeramente a sus velas, y dar una mirada a todo lo que le rodeaba, respondió con serenidad:
—Nosotros imitaremos su ejemplo, señor Wilder. Dé la orden.