El corsario rojo
El corsario rojo —¿Por qué?, quizás es un proyecto profundamente complejo para saber si hubiera sido una brillante captura; quizás… es un capricho. Hay un terrible atractivo para mà en esta empresa,
—Y el peligro no es menos terrible.
—No calculo nunca el precio de estos goces. Wilder —añadió mirándole sinceramente y lleno de confianza—, pongo mi vida y mi honor bajo su cuidado, pues serÃa una infamia para mà comprometer los intereses de mi tripulación.
—Ese depósito será respetado —repitió nuestro aventurero con voz tan baja que apenas se oyó.
Después de mirar un instante con atención a su compañero que parecÃa menos comunicativo, el Corsario sonrió, como si estuviera contento por esta seguridad, movió la mano en señal de adiós, e iba a salir de su camarote cuando apareció un tercer personaje que se mantenÃa inmóvil en la puerta. Pasando ligeramente la mano sobre el hombro del niño que se hallaba en su camino, le preguntó con cierta brusquedad:
—¿Roderick, por qué esa vestimenta?
—Para seguir a mi patrón en la barca.
—Muchacho, tus servicios no son necesarios.
—Raramente lo son desde hace mucho tiempo.
—¿Por qué habrÃa de exponer una vida más, cuando no se puede esperar ningún beneficio?