El corsario rojo
El corsario rojo Considerablemente adulado por esta concesión hecha a su edad y a su categorÃa, el comandante del Dardo hizo a su huésped proposiciones hospitalarias y terminó sus cumplimientos invitándole a compartir una comida de marino un poco más tarde ese mismo dÃa. El supuesto Howard rechazó todas las demás proposiciones, pero aceptó la última invitación, y de esta manera tuvo un pretexto más para regresar a su barco, con el fin de escoger a aquellos de sus oficiales que juzgara más dignos para ser admitidos al banquete que le era prometido. El viejo Bignall, oficial realmente de mérito, a pesar de su carácter brusco y áspero, habÃa vivido mucho tiempo en la pobreza y casi en la oscuridad para no experimentar deseos de la naturaleza humana con vistas a un ascenso que tenÃa bien merecido y que jamás obtuvo. En medio de toda su honradez natural y sincera, no perdÃa de vista los medios que podrÃan valerle para conseguirlo. Asà que no es de sorprender que el final de su entrevista con el supuesto hijo de un individuo tan poderoso en la corte, fuese más amistoso que el comienzo.