El corsario rojo
El corsario rojo —¡El Corsario Rojo! —gritó el extranjero de levita verde estremeciéndose para demostrar su atención, que estaba perdiendo a causa de las divagaciones interminables del sastre, y se habÃa excitado de repente—; serÃa en efecto un secreto que valdrÃa muchÃsimo. ¿Pero qué le hace suponer eso?
—Una multitud de razones que os voy a detallar en su orden respectivo. En primer lugar, se trata de un barco armado; en segundo lugar, ése no es un crucero legÃtimo, de lo contrario se sabrÃa y yo el primero, entiendo que es muy raro que no me recuerde algo a los barcos del rey; y en fin, lo que está bien demostrado puede ser mirado como substancialmente admitido. Tales son señor, lo que yo llamarÃa las premisas de mis inducciones, que os ruego sometáis a la atención real de Su Majestad.