El corsario rojo
El corsario rojo El abogado de levita verde escuchó las conjeturas largamente deducidas de Homespun con mucha atención, a pesar de la forma oscura y confusa en que las exponía. Su vista aguda miraba alternativamente y con rapidez ya al barco, ya el rostro de su compañero; pero transcurrieron unos minutos antes de que juzgara aconsejable dar alguna respuesta. El aspecto alegre y de indiferencia que había tenido, y que mantuvo hasta entonces en el curso de la conversación, dio paso a otro abstracto y pensativo que demostraba que, por simple que pudiera parecer, estaba lejos de ser incapaz de maduras y profundas reflexiones. Sin embargo, su cara abandonó de golpe esta expresión de seriedad para tomar otra que ofrecía una singular mezcla de sinceridad y de ironía, y posando familiarmente la mano sobre el hombro del sastre que estaba muy atento, dijo:

—Acaba de cumplir con el deber de un leal y fiel servidor del rey, y sus observaciones son en efecto de gran importancia. Es bien conocido que gran cantidad de dinero está prometida a quien descubra a uno solo de los compañeros del Corsario, y que magníficas recompensas serán entregadas a aquel que ponga a todos esos malvados en manos del verdugo; es incluso posible que el rey dé alguna muestra de su agradecimiento por el servicio prestado, un caso parecido a éste ha sido el de Phipps, que ha recibido el título de caballero…