El corsario rojo
El corsario rojo —SÃ, sà señora —respondió el digno Bignall que no pudo impedir emocionarse un poco durante esta escena—; hace casi medio siglo que el reverendo y yo éramos compañeros del colegio; y hemos renovado muchos antiguos recuerdos durante este viaje. Soy dichoso de que una dama dotada de cualidades tan notables haya venido a embellecer nuestra reunión.
—Esta dama es la hija del capitán, y la viuda del hijo de nuestro antiguo comandante, el contraalmirante de Lacey —respondió deprisa el capellán, como si supiera que podÃa contar con el honor y las buenas intenciones de su amigo más que con su discreción.
—Los he conocido y los dos eran valientes y excelentes marinos. Señora, sea bienvenida al igual que su amigo Merton; pero ella 1c es por dos veces como hija y como viuda de los dos oficiales que acaba de nombrar.
—¡De Lacey! —dijo una voz inquieta al oÃdo de la institutriz.