El corsario rojo
El corsario rojo —Que anote esto en su diario, señor Arca —dijo el viejo marino irritado regresando al lugar que Wilder no habÃa abandonado durante todo este tiempo—; aunque mi cocinero no sepa cocinar para tal señor, es preciso venir a buscarle si se quiere juzgar su talento. ¡Por el cielo!, Harry, le costará trabajo si intenta reunirse con nosotros. ¿Pero cómo ha sido que usted se hallara en ese barco? No me ha dicho nada aún sobre esta parte de su viaje.
—Naufragué, señor, después de la última carta que le escribÃ.
—Asà que fue recogido por el barco de Su Majestad el AntÃlope. SÃ, sÃ, ya comprendo. Dé, solamente, a un viejo lobo de mar la ruta y la brújula, y sabrá entrar en el puerto la noche más oscura. ¿Pero cómo ha sido que mÃster Howard no le haya conocido, cuando vio la lista de mis oficiales?
—¡No se dio cuenta! ¿No pareció conocerme? Quizás…