El corsario rojo
El corsario rojo Y diciendo estas palabras, el viejo marinero reuniendo todas sus fuerzas, rompió aquello con que le habÃan atado los brazos, y apretó el cuerpo del negro contra el suyo con tanta rapidez y agilidad que sus palabras no pudieron ser interrumpidas.
—Y ahora lanzad la cuerda, y dad gracias al cielo de que las personas honradas están ocupando el lugar que vosotros deberÃais ocupar, ¡que sois unos bribones!
—¡Acabemos con él! —gritó Nightingale acompañando su voz con un agudo silbido—; ¡que tomen el pasaporte para la otra vida!
—¡Deteneos! —gritó el capellán cogiendo afortunadamente la cuerda antes de que ésta hubiese realizado su fatal misión—; cualquiera de los más endurecidos de vosotros puede necesitar algún dÃa también implorar el perdón, acordaos por un momento. ¿Qué quieren decir esas palabras?, ¿no me engañan mis ojos? Arca de Lynn-Haven.
—SÃ, sà —dijo Richard aflojándose un poco la cuerda a fin de hablar más libremente, llevando de su caja a la boca lo que le quedaba de tabaco de mascar, y añadió—: usted que es un sabio consumado, no es extraño que lo haya averiguado tan fácilmente, aunque están escritas por una mano que no es muy versada en la escritura.