El corsario rojo
El corsario rojo —¡TranquilÃcese, mi querida señora!, tengamos cuidado para no dejarnos confiar en simples apariencias. Arca de Lynn-Haven era el nombre de una propiedad en las islas perteneciente a uno de mis mejores amigos, y fue allà donde recibà y llevé a bordo de un barco el precioso depósito que usted misma confió a mis cuidados, pero…
—¡Hable! —gritó la dama corriendo hacia Wilder con una especie de frenesÃ; y aflojando la cuerda que poco antes fue apretada alrededor de su cuello, la desató con destreza casi sobrenatural—. ¿Era ése el nombre de algún barco?
—¡De un barco! No, ciertamente. ¿Pero por qué esos temores, esas esperanzas?
—¡El collar!, ¡el collar!, ¿qué me dice del collar?