El corsario rojo
El corsario rojo —¡Hijo mÃo!, ¡hijo mÃo!, ¡no queráis, no os atreváis a arrancar de una madre tanto tiempo desgraciada a su único hijo. Devolvedme a mi hijo, mi noble hijo!, y cansaré al cielo con mis oraciones por vosotros. Sois valientes, no podréis permanecer sordos a la voz de la piedad. Sois unos hombres que siempre habéis vivido en presencia de la majestad de Dios, y es imposible que no veáis aquà su mano. Dadme a mi hijo, y os daré todo lo demás. Es de una familia que se ha hecho célebre en los mares, y no habrá ni un solo marino que no se interese por él. La viuda de Lacey, la hija de…, implora vuestra piedad. ¡La sangre corre en sus venas, y no la derramaréis! Una madre se inclina ante vosotros en el polvo para pediros la gracia de su hijo. ¡Oh!, ¡entregadme a mi hijo!, ¡mi hijo!