El corsario rojo

El corsario rojo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Divertido sin duda por las rarezas de estos dos seres tan singulares, o tal vez dejándose llevar de su humor caprichoso, el extranjero siguió sus pasos. Una vez alejados de la playa subieron una colina; y en este momento el abogado, por conservar el nombre que él mismo se había dado, estuvo a punto de perderlos de vista, y más porque en aquel lugar, la calle, o mejor dicho, la carretera, torcía, y ellos habían pasado incluso los suburbios del pueblo. Aceleró el paso y tuvo la satisfacción de ver a los dos amigos sentados junto a un seto unos minutos después de que creyera haberles perdido de vista. Estaban haciendo una ligera comida con las provisiones que tenían en un pequeño saco que el blanco había llevado bajo el brazo. El abogado se aproximó a ellos.

—Si ustedes sacan tanto, y con tanta facilidad, del saco, amigos míos, vuestro tercer compañero podría acostarse en ayunas.

—¿A usted quién le ha llamado? —gritó Dick, apartando la cabeza de su hueso con una expresión muy semejante a la de un gran dogo cuando se le molesta en un momento tan importante.

—Yo quisiera simplemente deciros que tenéis otro comensal —repuso cortésmente el extranjero.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker