El corsario rojo

El corsario rojo

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—Veamos para qué sirve ahora y fácilmente descubriremos cuál era su uso en otros tiempos. En este momento, encierra dos corazones bastante ligeros y, si no me equivoco, dos cabezas no menos ligeras que no tienen el necesario aprovisionamiento de razón. En otro tiempo la torre tenía graneros de trigo, y, no me cabe la menor duda, algunos pequeños cuadrúpedos que tenían las patas tan ligeras como nosotros el corazón y la cabeza: en buen inglés, era un molino.

—Hay quienes piensan que era una fortaleza.

—¡Bah!, el lugar podría serlo en caso de necesidad —replicó el extranjero mientras echaba una rápida y muy peculiar ojeada a su alrededor: pero era un molino, sea cual fuere el deseo que se pueda tener en buscarle un origen más noble. La exposición al viento, los pilares para preservar el interior del edificio de las invasiones de la miseria, la forma de la construcción, todo ello lo prueba. Tic-tac, tic-tac; se hizo aquí mucho ruido en el pasado—. ¡Silencio!, se diría que a través de mis palabras se oye aún.

Aproximándose con paso ligero a una de las pequeñas aberturas que en otro tiempo fueran ventanas de la torre, asomó con cuidado la cabeza y no la retiró hasta pasado algún tiempo, hizo señas a Wilder para que guardase silencio. Este obedeció y no tardó mucho en comprender la causa de esta recomendación.


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