El corsario rojo
El corsario rojo La voz suave de una mujer se dejó oír a poca distancia, y los sonidos se iban acercando, hasta que parecían salir del mismo pie de la torre. Wilder y el abogado escogieron cada uno un sitio más favorable para su proyecto, y como las dos personas que les preocupaban parecía que se quedarían cerca de las ruinas, permanecieron inmóviles en el mismo lugar, las observaron a placer sin ser vistos, y, hemos de decir para vergüenza de las dos personas tan importantes de nuestra historia, que escuchaban con más placer que atención.