El corsario rojo
El corsario rojo —Es inútil, querida tÃa, que me recuerdes una promesa de la que es imposible que yo me olvide. Si mi padre no vuelve conmigo en primavera no será por falta de solicitudes por mi parte.
—Nuestra criada Wyllys nos ayudará —respondió la tÃa sonriendo y mirando a la tercera mujer con una mezcla de dulzura y gravedad que caracterizaba el comportamiento ceremonioso que casi siempre se usa cuando un superior se dirige a un inferior—. Ella tiene derecho a tener algún poder sobre el general Grayson por su fidelidad y servicios.
—Tiene derecho a todo lo que al amor y al corazón pueda afectar —gritó la sobrina con un entusiasmo y una vivacidad que demostraba cuánto habÃa querido aducir las formas de cortesÃa de su tÃa por el calor de sus ademanes afectuosos—. No será a ella a quien mi padre le niegue algo.
—¿Y tú estás segura de que mistress Wyllys estará de acuerdo con nosotras? —preguntó la tÃa, sin que las demostraciones tan expresivas de su sobrina le hicieran olvidar la idea que tenÃa acerca de lo más conveniente—. Con tan poderosa aliada nuestra liga será invencible.