El corsario rojo

El corsario rojo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Nunca —respondió la viuda con prontitud e incluso en un tono más bien seco—. El mar perjudicaba mi salud y siempre he viajado por tierra. ¡Pero nosotras, mujeres de marinos, somos las únicas de nuestro sexo que podemos vanagloriarnos de conocer verdaderamente tan noble profesión! ¿Qué hay o qué puede haber más hermoso —dijo la viuda con un gesto de entusiasmo naval—, que un soberbio barco rompiendo una ola furiosa, como le he oído decir mil veces al almirante, su espolón dividiendo el oleaje y su tajanar deslizándose a continuación como una sinuosa serpiente que se alarga sobre sus propios pliegues? Yo no sé, mi querida Wyllys, si me explico bien; pero para mí, que todos estos efectos me son tan familiares, esta encantadora descripción evoca todo lo más bello y sublime que pueda existir.

La ligera sonrisa que arrugó la frente del aya, habría podido reflejar la secreta meditación que se hacía: el difunto almirante debió tener un espíritu pícaro y bromista. En este instante un ligero ruido parecido al murmullo del viento, pero que en realidad no era otro que unas carcajadas reprimidas, salió de la parte superior de la torre. Las palabras «es encantador» iban a salir de los labios de la joven Gertrudis que sabía captar la belleza de los pequeños detalles; pero de pronto le faltó la voz y su actitud anunciaba una atención profundamente excitada.

—¿No habéis oído nada? —preguntó.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker