El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Incluso las tradiciones tuyas me dan la razón, Chingachgook —dijo, hablando en la lengua conocida por todos los nativos que antaño habitaban el territorio entre el Hudson y el Potomack, de la cual ofrecemos una traducción libre, en beneficio del lector, procurando a la vez mantener algunas de las peculiaridades, tanto del individuo como del lenguaje—. Tus antepasados llegaron desde el sol poniente, cruzando el gran rÃo[8], lucharon contra la gente de esta región y se hicieron con la tierra; y los mÃos vinieron del cielo rojo de la mañana, por el lago salado, e hicieron lo propio de un modo muy parecido a los tuyos; ¡entonces, deja que Dios juzgue la cuestión y permitamos que los que sean amigos se callen!
—¡Mis antepasados luchaban contra hombres desnudos, de piel roja! —replicó el indio, con severidad, en la misma lengua—. ¿Es que no hay diferencia, Ojo de halcón, entre la flecha, cuya punta es de piedra, y las balas de plomo con las cuales matas tú?