El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —¿Quiere usted provocarnos la muerte al revelar nuestra posición a los mingos? —le reprendió Ojo de halcón con firmeza—. ¡Asà ahorraremos pólvora, ya que las municiones son tan preciadas en estas situaciones como el aliento para un ciervo en peligro! Revise la carga de sus pistolas, las brumas de las cataratas pueden humedecer el fulminante; y manténgase alerta para luchar mientras yo disparo sobre ellos.
Colocando los dedos sobre la boca, emitió un largo y estridente sonido que fue respondido desde las rocas vigiladas por los mohicanos. Duncan pudo percibir más cabezas por encima de las ramas del borde cuando sonó la señal, pero desaparecieron igual de súbitamente un instante más tarde. Acto seguido, un leve ruido crujiente atrajo su atención desde atrás y, volviéndose, vio a Uncas a unos pasos de distancia, acercándose sigilosamente. Ojo de halcón le habló en lengua delaware, tras lo cual el joven jefe indio tomó posición con singular cuidado y extremada sangre fÃa. Para Heyward se trataba de un momento de insufrible e impaciente espera, aunque el explorador vio la ocasión propicia para aleccionar a sus jóvenes camaradas en el arte del correcto empleo de las armas de fuego.