El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —¡Tenga misericordia y derrÃbelo de una vez! —gritó Duncan, volviendo la cabeza para no ver el horroroso espectáculo que suponÃa el sufrimiento de un semejante.
—¡Ni pensarlo! —exclamó Ojo de halcón tajantemente—. Su muerte es segura y no podemos malgastar pólvora, ya que las luchas con los indios pueden durar varios dÃas. ¡Se trata de nuestras cabelleras o las suyas! Además, ¡Dios nos ha dado el instinto de autoconservación para algo!