El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Ningún grito de triunfo remató este ventajoso incidente, sino que incluso los mohicanos se miraron atónitos, mostrando su horror en silencio. En el bosque se oyó un solo alarido, y de nuevo el silencio total. Ojo de halcón, siendo el único que parecía poder razonar fríamente, mostró su decepción por la momentánea debilidad que le hizo flaquear al final, diciendo:
—Sólo me quedaba esa bala, junto con la pólvora que la impulsó; ¡actué como un chiquillo! —afirmó—. ¿Qué importancia podía tener que cayera vivo o muerto al río? El resultado final iba a ser el mismo. Uncas, amigo, ve a la canoa y trae el cuerno de pólvora grande; es toda la que nos queda, y necesitaremos hasta el último gramo, si no me fallan mis conocimientos sobre los mingos.