El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Ahora —les murmuró a las temblorosas hermanas—. ¡Ahora es el momento de mayor incertidumbre! ¡Si nuestro lugar de refugio se salva de sus pesquisas, permaneceremos seguros! En cualquier caso, por lo que dicen nuestros enemigos, es bastante probable que nuestros ayudantes hayan podido huir y recibiremos la ayuda de Webb en un par de horas.
Pasaron varios minutos de tensa espera, durante los cuales Heyward supuso que los salvajes estarÃan llevando a cabo su búsqueda con gran diligencia y esmero. En más de una ocasión pudo discernir el ruido de sus pisadas al pasar junto al sasafrás de la entrada, haciendo crujir sus hojas y ramas. Al cabo de un rato, la cobertura de la cueva cedió ligeramente al caer una esquina de la manta, dejando entrar un tÃmido rayo de luz al interior de la cueva. Cora se aferró a Alice con desesperada angustia, y Duncan se puso en pie inmediatamente. Se oyó un grito que parecÃa venir en ese momento del centro de la roca, indicando que ya habÃan descubierto la caverna vecina. Un minuto más tarde, la multitud de voces y la proximidad con que se oÃan daban a entender que todo el grupo se encontraba entrando en ese oculto lugar.