El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Sà —murmuró el indio en su lengua nativa—. ¡Los rostros pálidos son como mujeres charlatanas! Tienen dos palabras para cada cosa, mientras que al piel roja le basta un sonido para hacerse entender —tras esto, dejó de hablar en su idioma y se adscribió a la nomenclatura de sus instructores lingüÃsticos—. El ciervo es rápido, pero débil; el alce es rápido, pero fuerte; y el hijo de «Le Serpent» es «Le Cerf Agile». ¿Acaso ha huido por los bosques?
—Si te refieres al delaware más joven, también se fue por el agua.
Dado que para un indio ese modo de escapar no constituye una hazaña imposible, Magua acabó dando por cierto todo lo que habÃa escuchado, mostrando a la vez tal actitud de desprecio que revelaba lo poco valiosos que consideraba a los prisioneros. Sus compañeros, por contra, pensaban de modo muy diferente.