El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Ya le has oÃdo, Heyward, y por cortesÃa debes retirarte. Vete con Alice y anÃmala con nuestras esperanzas.
La joven esperó hasta que se fuera Duncan, luego se volvió hacia el nativo, añadiendo con la dignidad y los modos propios de una dama:
—¿Qué le quiere decir Le Renard a la hija de Munro?
—Escucha —dijo el indio, colocando su mano firmemente sobre el brazo de la mujer, como si quisiera que le prestara la máxima atención. Con igual firmeza, pero más lentamente, Cora retiró su brazo mientras el nativo le decÃa—: Magua nació jefe y guerrero entre los hurones de los lagos; vio cómo los soles de veinte veranos hicieron fluir las nieves de veinte inviernos hasta los rÃos, antes de ver ningún rostro pálido, ¡y fue feliz! Luego sus padres canadienses llegaron a los bosques y le enseñaron a beber el agua de fuego, convirtiéndole en un bribón. Los hurones le desterraron del lugar en el que estaban enterrados sus antepasados, persiguiéndole como si fuera un bisonte. Corrió por las orillas de los lagos y pasó por el acceso que le llevó hasta la ciudad de los cañones. Allà se dedicó a cazar y pescar hasta que la gente le persiguió por el bosque y le hizo caer en manos de sus enemigos. ¡El jefe que nació hurón terminó como guerrero entre los mohawks!