El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Sobraron más palabras; Ojo de halcón se limitó a dar la señal de continuar y se volvieron a desplazar por la ruta por la que habían entrado en tan delicada situación. Sus movimientos, al igual que sus escasos diálogos, eran callados y cautelosos, pues en cualquier momento podrían encontrarse con una patrulla enemiga o sufrir el asalto de los centinelas ocultos en la maleza. Al pasar de nuevo por las orillas del estanque, tanto Heyward como el explorador lanzaron sendas miradas furtivas a las aguas, tan pacíficas y a la vez tan inquietantes. En vano intentaron discernir la figura de aquél que poco antes había estado montando guardia allí mismo, a la vez que el leve movimiento del oleaje actuó como un indicio atemorizante de la violenta acción. Pronto, sin embargo, la fatídica laguna quedaría atrás, junto con todos los demás oscuros elementos de tan tétrico escenario, a medida que avanzaba el grupo.