El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos El explorador la miró con expresión de cordial y satisfecha aprobación, contestándole:
—Si sólo tuviera un ejército de mil hombres ágiles y avispados, y que además le tuvieran tan poco miedo a la muerte como tú, enviarÃa a esos franchutes charlatanes al lugar de donde provienen, como perros asustadizos, en menos de una semana. Pero no perdamos tiempo —añadió, dirigiéndose al resto—, la niebla avanza tan rápidamente que nos dará el tiempo justo de coincidir con ella en la llanura y utilizarla como cobertura. Recuerden, si cualquier cosa me llegara a pasar, manténganse en la dirección según la cual el viento les da en la mejilla izquierda o mejor, sigan a los mohicanos, ya que ellos no perderÃan el camino, sea de dÃa o de noche.
Entonces les hizo la señal de ponerse en marcha y comenzó a bajar por la inclinada pendiente, con cuidado pero sin demora. Heyward ayudó a bajar a las hermanas y en pocos minutos estaban todos al pie de una montaña que les habÃa costado mucho dolor y esfuerzo escalar.