El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos El más fiero de los elementos se había cobrado como víctima el verdor de la llanura, la cual parecía haber sido arrasada por el fuego de los relámpagos. Con todo, algún espacio verde había sobrevivido de forma desperdigada en medio de toda esa desolación, siendo la fruta más temprana que diera una tierra sembrada con sangre humana. Todo aquel escenario que, bajo una luz más favorecedora y con una temperatura más suave, había parecido tan hermoso, ahora presentaba el aspecto de ser una mera alegoría pictórica de la vida, en la cual las cosas estaban dispuestas de una forma real, pero realzando lo intempestivo de las mismas, sin ningún detalle que sirva de alivio.
Apenas eran perceptibles los escasos vestigios de hierba entre la niebla; las severas y rugosas formas montañosas sobresalían en toda su aridez, mientras que la vista en vano buscaba consuelo dirigiéndose al cielo, totalmente cubierto por una oscura capa de nubes revueltas y amenazantes.