El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos El viento soplaba de forma desigual; en ocasiones barría con fuerza el paisaje, como si quisiera comunicar su pesar a los muertos, otras veces se levantaba con un estridente y doloroso silbido al penetrar en el bosque, llenando el aire de ramas y hojas sueltas al pasar. En medio de este torbellino inhóspito, unos cuervos luchaban contra la tempestad; pero al salir de la espesura boscosa se encontraron con un horripilante festín que les sirvió para reponer fuerzas.
En resumidas cuentas, aquello era un escenario lleno de hostilidad y desolación, dando la sensación de que todo aquél que lo hubiera profanado había sido inmediatamente golpeado por el inmisericorde brazo de la muerte. Pero esa supuesta prohibición había terminado; pues, por primera vez desde que se marcharon los infames autores de tan imperdonables hechos, unos seres humanos vivos se dignaron a visitar el lugar.