El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Nada salvo Aquél que está dotado de una gran sabidurÃa y un poder infinito deberÃa llevarse de un golpe las vidas de una multitud de personas —añadió—; Él es el único que puede tener razones para algo asÃ, y el hombre deberÃa tener eso en cuenta. De ese modo, está mal que se mate a un ser vivo por el simple hecho de matar, siendo incorrecto cazar un gamo antes de terminar de consumir la carne del anterior, salvo que se necesite para un largo viaje, o como provisión en el caso de un asedio. La cuestión es bien distinta cuando se trata de una lucha entre unos cuantos guerreros, ya que su honor es el de morir con el fusil o el tomahawk en la mano, de acuerdo con las convicciones de cada uno, sea de piel blanca o roja. Uncas, ven aquÃ, muchacho; y deja que los cuervos se sacien con el cuerpo del mingo. Sé bien, después de verlo tantas veces, que tienen un gusto particular por la carne de un oneida, y es propio que dejemos que el ave siga el curso de su naturaleza.
—¡Hugh! —exclamó el joven mohicano, levantándose de repente y mirando fijamente hacia adelante, haciendo que el cuervo se asustara y fuera en busca de otro alimento.