El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Sin duda, sin duda. ¡Creo haberlo oÃdo otra vez! ¿O serÃan las hojas moviéndose en las copas de los abetos?
—En lo que a mà concierne —continuó hablando Ojo de halcón, volviéndose un momento hacia la dirección indicada por Heyward, aunque con gesto tranquilo y despreocupado—, creo que el paraÃso ha sido creado para la felicidad, y que los hombres gozarán de él de acuerdo con sus acciones y sus méritos. Por lo tanto, creo que un piel roja no anda desencaminado cuando lo interpreta como una tierra feliz en la que abunda la caza, tal y como aseguran sus tradiciones. Viéndolo asÃ, tampoco estarÃa mal que un hombre, aunque sea blanco, pudiera pasar su tiempo.
—¡Ahà está! ¿Lo oye de nuevo? —le interrumpió Duncan.