El último de los Mohicanos

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Era evidente que la segunda sugerencia perdía frente a la primera, estando a punto de decidirse la cuestión en contra de la opinión del cazador, cuando éste se alzó en pie y abandonó su tono apático, para adoptar los modos propios dé un nativo, haciendo alarde de su mismo arte y elocuencia para la discusión. Elevando un brazo, hizo el recorrido del sol, repitiendo el gesto para representar cada día que iba a ser necesario para lograr su objetivo. Luego hizo entender con sus manos que iba a haber un largo y doloroso camino, sorteando rocas y cursos de río. Munro ya se había dormido, como era propio de su edad y condición, lo cual fue también parte del debate. Incluso las posibilidades de Duncan fueron citadas, como él mismo pudo percibir, ya que el explorador mencionó el nombre de «Mano tendida» —apelativo por el cual se le conocía a Heyward entre las tribus amigas—. A continuación tuvo lugar una intencionada comparación entre el movimiento sinuoso y ágil de una canoa y los torpes movimientos de alguien que camina agotado y débil. Por fin, el blanco concluyó señalando hacia la cabellera del oneida, dando a entender la urgente necesidad de ponerse en marcha rápidamente y no dejar ningún rastro.





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