El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Gamut recogió su pipa de entonación con la mayor expresión de alegría posible en un hombre tan sobrio como él. Tras ensayar repetidamente con el utensilio, contrastándolo con su propia voz, quedó complacido al ver que no había perdido su capacidad melódica. A continuación, pasó a hacer una muy seria demostración por medio de la ejecución de varias estrofas de una de las canciones más largas de su librillo, al que tanto hemos aludido.
No obstante, Heyward le interrumpió en su piadosa actividad por medio de continuas preguntas acerca de las condiciones, tanto pasadas como presentes, en las que se encontraban sus compañeras de cautiverio, mostrando en esta ocasión más sentido metódico que impulso sentimental, como ocurriera al principio de la conversación. Aunque David no dejó de prestar atención a su atesorada herramienta, no ignoró tales solicitudes, en especial porque estaba un padre de por medio, cuyo interés era tan ferviente que no podía ser despreciado. También el explorador participó en el interrogatorio cuando la ocasión fue propicia. De esta guisa, entre repetidas interrupciones hechas por el sonido del instrumento recuperado, los perseguidores se hicieron con una buena cantidad de información, la cual les serviría de gran ayuda en su noble y ambiciosa empresa: la recuperación de las dos hermanas. El relato de David fue sencillo y los hechos se reducían a unos pocos.