El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Lo que hemos descubierto puede ser bueno o malo para nosotros, sólo el cielo lo sabe. ¡El sagamore en cuestión es de la sangre real de los delaware, tratándose del gran jefe de la tribu de los tortugas! Por las palabras del cantante podemos estar seguros de que está entre los guerreros que ha mencionado; si hubiese empleado la mitad de sus esfuerzos para el canto en haberse fijado más en otras cosas, ahora sabrÃamos cuántos guerreros eran en total. Estamos pues, moviéndonos en terreno peligroso; ya que un amigo que te ha dado la espalda a menudo te odia más que el enemigo que va en busca de tu cabellera.
—ExplÃquese —le dijo Duncan.
—Se trata de una antigua y triste tradición, en la cual no me agrada ni pensar; ya que no se puede negar que el mal ha sido mayormente obra del hombre blanco. De todos modos, el resultado ha sido que el tomahawk se agita entre hermanos, haciendo además que los mingos y los delaware caminen juntos.
—Entonces, ¿sospecha que son miembros de ese pueblo los que tienen confinada a Cora entre ellos?