El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Espere —le Interrumpió Heyward—. Yo le acompañaré.
—¿Usted? —exclamó Ojo de halcón con sorpresa—; ¿Es que se ha cansado de vivir?
—David es la prueba de que hasta los hurones pueden perdonar una vida.
—En efecto, pero sólo David tiene el don de cantar como si estuviera fuera de sus cabales.
—Yo también puedo hacerme el loco, el idiota, el héroe, es decir, cualquier cosa, para rescatar a la que amo. No me ponga más obstáculos, estoy dispuesto a todo.
Ojo de halcón se quedó mirando al joven, sin poder articular palabra de lo atónito que estaba. Duncan, por otra parte, habiendo sucumbido hasta ese momento frente a la capacidad y la sabidurÃa del otro, ahora asumÃa una posición de autoridad a la que no era fácil oponerse. Con la mano hizo un gesto de menosprecio hacia cualquier tipo de protesta; luego, con un tono más calmado, continuó diciendo:
—Ustedes saben cómo disfrazarme. Cámbienme de aspecto; utilicen su pintura si es necesario; en resumen, hagan que parezca cualquier cosa, un tonto.