El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Los rostros pálidos son buenos cazando castores; pero los pieles rojas saben cómo atrapar a los yengeese.
—¡Hurón, acaba de una vez! —exclamó Heyward, enfurecido, olvidándose por un momento que otra vida dependÃa de la suya—. Maldito seas tú, asà como tu venganza.
—¿Hablará con tanto valor el hombre blanco en el momento de su ejecución? —preguntó Magua, dejando ver lo poco que le impresionaban las palabras del otro.
—Lo hago tanto aquà en tu cara como delante de toda tu nación.
—Le Renard Subtil es un gran jefe —le replicó el indio—; él traerá a sus bravos guerreros para que vean si un rostro pálido puede reÃrse cuando le torturan.