El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos De nuevo intentó dejar la presencia del supuesto hechicero, avanzando tan confiado que ni siquiera hizo ademán de sacar su cuchillo o su tomahawk del cinturón. De repente, la bestia extendió sus brazos, o mejor dicho sus patas, y le apresó con tal fuerza que podría bien compararse al auténtico y tan afamado «abrazo del oso». Heyward había observado los procedimientos de Ojo de halcón con vivo interés. En un primer momento soltó a Alice para a continuación hacerse con una larga tira de piel de gamo que estaba atado alrededor de uno de los muchos sacos que había en el lugar, y cuando vio que su enemigo estaba inmovilizado por los férreos músculos del explorador, se apresuró en atarle los brazos con la improvisada soga. No sólo los brazos, sino también las piernas y los pies fueron envueltos con esa rústica cinta, todo ello en menos tiempo de lo que hemos tardado en contar los hechos. Cuando el violento hurón fue completamente reducido, el explorador relajó su abrazo y Duncan colocó al enemigo boca arriba, no constituyendo ya una amenaza para ellos.