El último de los Mohicanos

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A lo largo de todo este repentino e inesperado proceso, si bien Magua opuso una fuerte resistencia a las fuerzas conjuntas de dos hombres que le superaron con creces, no emitió el más mínimo gemido. Pero en cuanto Ojo de halcón quiso concluir el episodio revelando su identidad al quitarse la cabeza de la bestia, el hurón no pudo por menos que pronunciar la típica exclamación de un guerrero indio al reconocerle:

—¡Hugh!

—¡Ajá! Así que tienes lengua —dijo el vencedor con absoluta frialdad—. Pues para que no puedas utilizarla y traemos la ruina, te la tendré que tapar.

Al no haber tiempo que perder, el explorador se dispuso a tomar tales medidas necesarias; y cuando hubo amordazado al indio, ya se le pudo considerar al enemigo como hors de combat.

—¿Por dónde apareció este indeseable? —preguntó el formidable explorador en cuanto terminó su labor—. No he dejado pasar una sola alma desde que usted se ausentó de mi lado.

Duncan señaló hacia la puerta por la que había entrado Magua, la cual ofrecía pocas posibilidades de utilizarse con rapidez, dados sus pesados mecanismos de cierre.

—Traiga a la chica —le dijo su amigo a continuación—; debemos tratar de alcanzar el bosque por la otra salida.


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