El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Lo que pudiera parecer un grave peligro para el orden legal que se está estableciendo, queda resuelto con la apelación directa a la ley de los bosques. En ellos no se acata más ley que la divina, siempre que no se transgredan los derechos individuales de sus pobladores, cosa que, evidentemente, Natty Bumppo no está haciendo. Solamente en su novela La pradera, tercera obra de la pentalogía, llega Bumppo a reconocer la conveniencia de tener una ley que proteja a quienes no se puedan valer por sí mismos, pero advierte que el respeto a las leyes humanas sólo será posible siempre que no interfiera con las leyes provenientes de la autoridad divina. Este particular código de conducta proviene de la unión del Leatherstocking con la naturaleza, que se convierte en su única escuela; Natty se erige en su defensor porque en ella están recogidos los bienes que Dios ha otorgado a la raza humana. De la naturaleza sólo toma aquello que necesita porque, según sus propias palabras en El cazador de ciervos: «Puede que sea un cazador, es cierto, pero no soy un asesino.» Los bosques, y la naturaleza en general, constituyen el verdadero templo, en opinión de Natty, ya que a través de las maravillas que encierran manifiesta Dios su poder y sabiduría. Si las personas admitieran lo que él considera una verdad tan evidente, reconocerían sus limitaciones personales y la insignificancia del ser humano en el esquema de la creación, y abandonarían su actitud prepotente para situar la humildad como norma principal de sus actos.