El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Uncas se quedará —fue la tranquila respuesta.
—¿Para qué?
—Para luchar junto al hermano de su padre, y morir con el amigo de los delaware.
—Está bien, muchacho —le contestó Ojo de halcón, intercambiando con Uncas un apretón de manos—; habrÃa sido más propio de un mingo que de un mohicano que me hubieras dejado aquÃ. De todos modos creà oportuno darte la oportunidad, ya que la juventud suele apreciar más la vida. Bueno, pues lo que no remedia el valor tendrá que resolverse por medio del ingenio. Ponte la piel; estoy seguro de que puedes hacer el papel de oso casi tan bien como yo.
Independientemente de la opinión particular de Uncas a este respecto, su rostro impávido no dio muestra alguna de su convicción de superioridad. En silencio y sin demora se arropó con el pelaje de la bestia, y a continuación aguardó las instrucciones de su compañero más veterano.