El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Hay una lógica en esas palabras —dijo—, muy distinta a las leyes del bosque; y sin embargo no resulta menos noble y hermosa la idea que conlleva —acto seguido, tras un fuerte suspiro, posiblemente de los pocos que emitiera al recordar su antigua condición de hombre civilizado, añadió—. Quisiera poder ponerla en práctica en mi vida, siendo un hombre de sangre pura y sin mestizaje, pero no es tan fácil emplear esa filosofÃa al tratar con un indio como lo puede ser respecto a otro cristiano. ¡Que Dios le bendiga, amigo! En verdad creo que sus pensamientos no están del todo equivocados, si se piensa la cuestión con tranquilidad y se tiene en cuenta el valor de la eternidad, aunque mucho depende del temperamento de cada cual y la fuerza de las tentaciones sobre él.
Acabando de decir esto, el explorador volvió hacia David y le brindó un fuerte apretón de manos. Tras este acto de amistad abandonó la choza de inmediato, acompañado por el que ahora representaba a la bestia.