El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Ya se ha dicho que, por la acostumbrada precaución propia de los nativos, las hermanas fueron separadas nada más llegar al poblado hurón. Magua se había dado cuenta desde un principio del poder que gozaba sobre Cora mientras Alice estuviera en su poder. Así pues, tras la separación mantuvo a la más joven a su alcance, relegando la que más preciaba al cuidado de sus aliados. Se entendía que el acuerdo era temporal, y fue llevado a cabo tanto para halagar a sus vecinos como para cumplir con las costumbres indias en este aspecto.
A pesar de que los impulsos vengativos tan propios en un salvaje seguían latentes en su ánimo, el jefe permaneció atento a sus intereses más inmediatos y personales. Los errores y los despropósitos cometidos en su juventud habían de ser expiados mediante una larga penitencia, por la cual se ganaría la plena confianza de su pueblo verdadero; ya que sin esa confianza no era posible ejercer la autoridad en una tribu india. Encontrándose en tan delicada y ardua posición, el ingenioso nativo no había descuidado un solo detalle. De este modo, una de sus hazañas más célebres la constituyó el éxito con el que se había ganado el favor de sus poderosos y peligrosos vecinos. El resultado de esta maniobra se correspondió totalmente con sus expectaciones; ya que los hurones seguían ese principio regidor de la naturaleza humana según el cual un hombre valora sus méritos en la misma medida en que los demás los admiran.