El último de los Mohicanos

El último de los Mohicanos

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En lugar de tomar el camino que llevaba directamente hacia el campamento de los delaware, Magua guió a sus hombres a lo largo de las sinuosas orillas del riachuelo, bordeando el lago artificial que habían originado los castores. El sol comenzó a salir cuando se adentraron en el terreno que había sido formado por tan ingeniosos y sagaces animales. A pesar de que Magua, habiendo adoptado de nuevo su atuendo tradicional, lucía la figura de un zorro sobre su blusa de piel, había un jefe entre los de su grupo que portaba la imagen del castor como su símbolo personal o «tótem». Habría sido una especie de profanación que este hombre no hubiese manifestado de algún modo su respeto hacia sus parientes animales al pasar por su territorio. De tal manera que se detuvo y les habló con palabras tan amables como las que habría dirigido a seres más racionales. Los llamó primos suyos, recordándoles que gracias a él estaban a salvo y protegidos, dado que muchos comerciantes de pieles habían ofrecido grandes recompensas a los indios para sacrificarles. Prometió continuar intercediendo en su favor y les recomendó que fuesen agradecidos. Después de esto, les habló de la expedición en la que estaba involucrado y, con suma delicadeza y respeto, les pidió que le dotaran de una porción de esa sabiduría que tanto les caracterizaban[28].



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