El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Durante tan extraordinaria plática, los compañeros del que hablaba se mostraron en todo momento respetuosos con lo que decía, dando a entender que estaban completamente de acuerdo con su exposición. En una o dos ocasiones se vieron formas oscuras asomarse por encima del nivel del agua, lo cual agradó al hurón, ya que vio en ello que sus palabras no eran pronunciadas en vano. Justo cuando concluyó su discurso, un gran castor asomó la cabeza por la entrada de una choza que los indios habían tomado por deshabitada. Esta señal de confianza fue interpretada por el orador como un buen augurio; y aunque el animal se retiró precipitadamente, recibió las gracias y la alabanza del indio.