El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos La asamblea constituida, levantándose por encima de los demás Se dirigió de este modo Aquiles al rey de los hombres.
Pope, La IlÃada.
Cora era la más adelantada de los cautivos, a la vez que abrazaba a Alice con la mayor ternura que podÃa proceder de una hermana. A pesar del siniestro y amenazante elenco de salvajes que tenÃa a su alrededor, el miedo no le impedÃa a tan noble dama estar siempre pendiente de la pálida y aterrorizada Alice. Muy cerca de ellas estaba Heyward, tan preocupado por la seguridad de ambas que, dada la incertidumbre del momento, no era capaz de sentir más inquietud por la suerte de una que de la otra, a pesar del especial amor que sentÃa por una sola de las muchachas. Ojo de halcón estaba más hacia atrás, recordando que sus acompañantes eran de un rango superior al suyo, a pesar de las circunstancias. Uncas no estaba allÃ.
De nuevo se restableció el silencio total, y tras la acostumbrada pausa, uno de los jefes ancianos que se sentaba junto al patriarca se levantó y preguntó en voz alta, utilizando un inglés muy claro:
—¿Cuál de mis prisioneros es La Longue Carabine?
