El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Magua adoptó una expresión triunfante ante toda la asamblea antes de llevar a cabo su propósito. Consciente de que los hombres estaban neutralizados, volvió sus ojos hacia aquélla que más valoraba. Cora contestó a su mirada con otra tan tranquila y firme que el salvaje desistió en su empeño. Luego se acordó de su antigua estrategia y tomó a Alice de los brazos del guerrero que la sostenía. Tras indicarle a Heyward que le siguiera, hizo otra señal a la multitud para que le abrieran paso. Pero Cora, en lugar de obedecer el impulso que quería provocar el indio en ella, corrió a los pies del patriarca y le suplicó en voz alta:
—¡Justo y venerable delaware, a tu poder y sabiduría pedimos misericordia! Haz oídos sordos a las palabras de ese monstruo embustero y sin escrúpulos que desea envenenar tu juicio con mentiras para poder saciar su sed de sangre. Tú que has vivido tanto tiempo y que has visto la maldad del mundo, deberías saber cómo ahorrarle calamidades a los desdichados.