El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Tras pronunciar este solemne juicio, el patriarca se volvió a sentar y cerró los ojos de nuevo, como si le agradaran más las imágenes de sus muchos recuerdos que las del mundo visible de aquel momento. Contra semejante sentencia ningún delaware tenía la suficiente valía como para opinar, ni mucho menos protestar. Apenas se habían pronunciado las palabras cuando cuatro o cinco de los guerreros más jóvenes se pusieron detrás de Heyward y el explorador, atándoles los brazos rápida y fuertemente con tiras de cuero. El primero de ellos estaba demasiado preocupado por sus indefensas compañeras como para percatarse de las intenciones de los salvajes antes de que fueran llevadas a cabo. El segundo no opuso resistencia, ya que consideraba a los delaware, aunque hostiles, una raza de seres superiores. Sin embargo, su actitud tal vez no habría sido tan pasiva si hubiese comprendido la lengua en la que se había llevado a cabo el diálogo anterior.