El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Veinte cuchillos brillaron en el aire, mientras otros tantos guerreros se pusieron en pie ante tan hiriente y, quizá, merecido reproche; pero la señal de uno de los superiores evitó que aquéllos perdiesen el control de sus iras, restableciéndose una aparente calma. La tarea posiblemente habría sido más difícil si no fuera porque un movimiento por parte de Tamenund indicaba que iba a hablar de nuevo.
—¡Delaware! —continuó el patriarca—. Poco digno eres de tal nombre. Mi pueblo no ha visto un sol brillante desde hace muchos inviernos; y el guerrero que abandona a su tribu cuando ésta se encuentra en la oscuridad es dos veces traidor. La ley del Manittou es justa. Ha de ser así mientras corran los ríos y queden en pie las montañas, mientras la flor crece y desaparece de los árboles, ha de cumplirse siempre… Es vuestro, hijos míos; tratadle de acuerdo con la justicia.