El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —¡Alto, alto! —gritó Duncan, saltando hacia ellos—. ¡Hurón, ten piedad! Podrás cobrar un rescate por ella que te harÃa más rico de que lo pudieras imaginar.
—Magua es un piel roja; no desea las baratijas de los rostros pálidos.
—Oro, plata, pólvora, plomo, todo lo que requiere un guerrero te pertenecerá… Todo aquello que es propio del más grande de los jefes.
—¡Le Subtil es muy fuerte! —gritó Magua, agitando con violencia el brazo de Cora, el cual sostenÃa con su mano—. ¡Ya tiene su vengan-za!
—¡Dios Todopoderoso! —exclamó Heyward, golpeándose las manos con desesperación—. ¿Será posible esto? Apelo a ti, noble Tamenund, en busca de misericordia.
—El delaware ha dicho lo suyo —contestó el patriarca, cerrando los ojos y volviendo a hundirse en su silla, agotado por el esfuerzo de cuerpo y espÃritu al que se habÃa sometido—. Los hombres hablan sólo una vez.